EL FALSO DÉJÀ VU, por José Manuel Piñeiro

Textp preparado por José Manuel Piñeiro, periodista y analista político, para su intervención en la mesa redonda de Análisis de los resultados electorales, que tuvo lugar el 23 de mayo de 2011, en el Club de Prensa Asturiana de La Nueva España, organizado por la Fundación Asturias.

1. Incógnitas sucesivas.

En todas las competiciones electorales hay emoción. Eso es lo que las hace atractivas. Si no hubiese emoción, a veces asentada sobre la credulidad o la ingenuidad más rampantes, esto sería muy aburrido. En la noche electoral de ayer hubo mucha emoción, pero la jornada ya venía calentada con muchos más alicientes, porque se habían ido encadenando las incógnitas, una tras otra. El morbo estaba servido.
Sucintamente, las incógnitas eran las siguientes:


a. Los competidores. ¿Quiénes iban a ser los candidatos de los dos partidos mayoritarios? En las tres legislaturas anteriores, habían competido Vicente Álvarez Areces por el PSOE y Ovidio Sánchez por el Partido Popular. Ahora, no. Aquí se encendió la primera luz roja. ¿Habría relevo o iban a seguir los mismos? Desde el principio, la mayoría de las señales indicaban que el relevo estaba previsto. En los socialistas, Javier Fernández había tomado posiciones en la Junta General; y en el caso del Partido Popular, resultaba improbable pensar que Ovidio Sánchez tuviese una cuarta oportunidad.

b. La cosa se resolvió en el PSOE, pero en el PP fue, expresado con un eufemismo, un poco más difícil. Se encendió otra luz roja en la pista. Parecía que, por fin, después de años de rumores y amagos, Francisco Álvarez-Cascos, el líder deseado por tantos militantes y simpatizantes del centro derecha, anhelantes de una victoria que les redimiera de tanta derrota sucesiva, estaba dispuesto al retorno.

c. Cuando el camino parecía alfombrado para la llegada de Álvarez-Cascos –hasta los más enconados críticos del ex vicepresidente se habían transfigurado en palmeros, y todos a una- , el tablero quedó dispuesto para otra gran incógnita, a mi juicio muy atractiva: cuál hubiera sido el desenlace de una competición entre Javier Fernández y Álvarez-Cascos, entre el candidato nuevo de un PSOE menguante y un candidato conocidísimo al frente de un Partido Popular en cuarto creciente.

d. Y cuando esto parecía preparado para esa gran confrontación, saltó la sorpresa. No quiero perderme en el porqué de esa sorpresa, que tanto análisis merece, pero saltó: se desencadenó la tormenta interna del PP que acabó con el nombramiento de Isabel Pérez Espinosa como candidata y la posterior formación de un nuevo partido, Foro Asturias, liderado por Álvarez-Cascos.
e. Aquí ya no se encendió una luz roja. Aquí saltaron todas las alarmas y se fundieron los plomos. Todas las incógnitas anteriores quedaban anuladas por una nueva: cuál sería el impacto del nuevo partido y cuál la división del voto del centro derecha. En la respuesta a esas dos preguntas estaba la clave de las elecciones. El resultado dependía casi en exclusiva de hacer bien esas cuentas. Nunca sería lo mismo si la derecha se partía por la mitad que si Cascos sólo lograba dar un pequeño bocado, y nunca sería lo mismo si Cascos, pescador acreditado, se limitaba a faenar en caladero del centro derecha o si también echaba las redes en otros mares. Me sorprendió durante toda la campaña, y me sorprende aún ahora, no haber visto ni oído de ningún estudio serio sobre esta cuestión
Ésa era la gran incógnita de estas elecciones, porque la situación nacional estaba clara. No había duda posible de que el Partido Popular estaba en un gran momento y de que el Partido Socialista andaba en horas bajísimas. Eso, en las comunidades gobernadas por el PP se traduciría en una mayoría aún más amplia; y en un retroceso socialista generalizado. Podría haber o no cambios de gobierno, porque eso dependería de porcentajes difíciles de calibrar en un sondeo, pero ésa era la tendencia, una tendencia fortísima.
En ese contexto nacional de pujanza del PP y retroceso socialista, la irrupción del partido de Cascos no era la única incógnita, pero sí la principal. Entre las preguntas secundarias, había dos destacables. Las consecuencias del cambio de candidatos, ya citada, y el impacto de la “operación Marea”, que desbancó a la fase inicial de la campaña en cuanto a atención mediática. Por supuesto, esta reflexión es personal y no es verificable ni mensurable. Ni siquiera los sondeos postelectorales son una verdad incuestionable, pero para mí todos estos asuntos se entrelazan y anudan entre sí en un vector común, pero con una línea principal de fuerza indiscutible: la candidatura de Cascos.
Quiero apuntar otra cuestión. Se ha dicho muy a menudo que la presencia probable de un cuarto partido rompía el mapa político tradicional asturiano, y eso no es cierto. En la mayoría de las legislaturas ha habido más de tres grupos parlamentarios en la Junta General. Estuvo el CDS, estuvo URAS, estuvo el PAS. Por lo tanto, y salvando las diferencias entre cada situación, esa hipótesis no era un hecho radicalmente nuevo, como a veces se ha presentado.
Lo que sí es radicalmente nuevo es el triunfo del centro derecha, que el centro derecha sume la mayoría absoluta. Ése sí que es un hecho nuevo, definitorio del nuevo paisaje electoral asturiano. Ése es el cambio de paradigma que se produce el 22 M.

2. El falso déjà vu.

Resumen del relato de los prólogos. Varias incógnitas se fueron encadenando y despejando hasta quedar una principal: el efecto del nuevo partido, de Foro Asturias. Ése es el elemento distintivo y singular del 22 de mayo en Asturias, y de él dependía el resultado electoral. Dependía el resultado autonómico, sin duda, pero también el municipal. Y, lógicamente, en el mapa municipal había un par de focos que reclamaban especial atención: Gijón y Oviedo. Sobremanera, la capital del Principado, dado que su alcalde, Gabino de Lorenzo, había asumido a todos los efectos el mando del Partido Popular asturiano y el veto explícito a Cascos. La pregunta consiguiente era obvia: ¿podría el incuestionable liderazgo local del alcalde de Oviedo superar el desafío electoral sin coste, sin una erosión notable? ¿No le harían pagar sus propios simpatizantes su intervención? El propio lema de campaña elegido por el Partido Popular de Oviedo, “En Oviedo, Gabino”, invitaba a pensar que el alcalde llamaba a distinguir claramente entre la candidatura del PP local y la candidatura del PP autonómica.
Sin duda, el desembarco casquista obligó a los partidos a repensar su estrategia de campaña. A estas alturas no es secreto alguno que algunos tuvieron que tirar a la papelera sus encuestas previas y encargar otras nuevas. Las primeras estimaciones difundidas por algunos medios apuntaban hacia un gran resultado de Foro Asturias, comprensible dada la efervescencia del momento. Esas encuestas se habían hecho en días de ebullición, y había que esperar a meter la mano en la pota cuando enfriara. Así que los primeros sondeos medianamente serios no se conocieron hasta abril.
En un primer análisis, creo que todos los partidos cometieron el mismo error. Tanto el Partido Socialista, como el Partido Popular como Izquierda Unida como algunos de los que observábamos la campaña quedamos prendados cierto tiempo del espejismo de un falso déjà vu. Todos pensaron que esto lo habían vivido antes. Que ésta no era ni más ni menos que una reedición de la crisis de 1998. También entonces había surgido otra fuerza política del enfrentamiento, la Unión Renovadora Asturiana, y algunos de los protagonistas de la historia eran los mismos: Francisco Álvarez-Cascos, Gabino de Lorenzo.
Aquella opción había surgido, al igual, con mucha fuerza, pero se desinfló hasta quedar en tres diputados. Y ahora el cálculo era similar. Que el partido de Cascos se iba a deshinchar hasta quedar reducido al alma arrugada de un globo pinchado. Esta era una opinión extendida, así que nadie tiene que sonrojarse por haberlo pensado. Lógicamente, hubo quien no lo pensó: Francisco Álvarez-Cascos y sus seguidores, que, como se ha visto, son muchísimos.
Pero pronto empezaron a multiplicarse las señales de que no cabía tal déjà vu. El aviso más importante fue la capacidad de organización que estaba demostrando el nuevo partido. No es nada fácil montar juntas locales, ni conseguir candidaturas en 70 municipios. Pregúntenselo al secretario de organización de cualquier partido, y se lo responderá. Es muy, muy difícil, y no es nada raro que en algunos municipios las listas se cubran con candidatos que ni siquiera viven allí. Los datos de afiliación de Foro también resultaban sorprendentes. Incluso aunque se les aplicara un buen tajo cautelar para desnudarlo de la posible hojarasca propagandístia seguirían siendo altos. Y la debilidad estructural del Partido Popular, también resultaba evidente, porque había juntas que se les caían enteras o casi, como Llanes, Mieres o Langreo. Pero, por inercia, los tres partidos tardaron en darse cuenta de lo que les venía encima. Sólo lo hicieron cuando los sondeos se lo pusieron enfrente. Sobre todo, tardaron en darse cuenta de que Cascos no era, como Marqués, un fugaz fenómeno pirotécnico, sino que era en sí mismo una acreditada marca electoral. Y esto es importante en un escenario de descontento generalizado –he ahí al campeón capaz de hacer frente a la catástrofe-, especialmente si sus competidores son de bajo perfil, como es el caso. Por lo general, se sobrevalora la aportación personal de los candidatos a los resultados de los grandes partidos, pero en el caso de Foro lo importante no eran las siglas ni el programa, sino el póster y su credibilidad. Así, hace años, sucedió con el CDS. Era un partido detrás del póster de Adolfo Suárez. Los méritos que FAC estaba haciendo en la precampaña eran muchísimos. Y hubiesen sido también innegables aunque Cascos no hubiera obtenido tanto éxito.

3. La distorsión de los sondeos.

Las elecciones, pues, están planteadas con una gran incógnita que diferencia las elecciones de Asturias de todas las demás que se celebran en el resto de comunidades autónomas. Y todas las fuerzas parlamentarias cometen el mismo error de principio. Un error lógico, compartido: pensar que se va a dar una repetición de la situación de URAS. Pero si esto es disculpable, es menos aceptable que tardasen en percatarse de los signos que avisaban de la fortaleza de Foro Asturias.
Empiezan a llegar las primeras encuestas próximas a las elecciones. Por ejemplo, la del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Y empiezan a dibujar, todas, el mismo escenario: una situación muy equilibrada, pero con ventaja para el centro derecha.
Nuevo añadido, aunque sea algo de perogrullo: los políticos y los hinchas están empeñados en que las encuestas sean una especie de escaramuzas previas a la batalla electoral final. Y, hombre, algo hay de eso, pero no tanto. Las encuestas sólo son un trabajo sociológico determinado, pero nunca sustituyen a las urnas. Normalmente, están hechas lo mejor posible por empresas que se dedican a ese tipo de labores, y no hay mejor publicidad para esas empresas que aproximarse lo más posible al escrutinio. Ninguna empresa demoscópica yerra por encargo.
Cuando todas las encuestas coinciden, la tendencia está clara. Así sucedía a nivel nacional. Todas mostraban una gran fortaleza del PP y una debilidad notable de los socialistas. Luego, unas dan unos puntos más a un partido, otras los rebajan… Esos puntos pueden ser decisivos para el desenlace electoral, para que gobierne o no un partido determinado, pero eso ya es muy difícil, ése ya es un trabajo de alta precisión, de calibrado.
Sin embargo, en otras ocasiones las encuestas no coinciden, y aquí empiezan los problemas de interpretación. Y aquí, en Asturias, no coincidían en un dato básico, crucial: cuál de las dos fuerzas del centro derecha se llevaría el gato al agua. Dos sondeos muy importantes, el CIS y el de LA NUEVA ESPAÑA, situaban a Foro como tercera fuerza política, pero los trabajos difundidos por otros medios o encargados por otros partidos le daban el segundo lugar. Cuando eso ocurre, uno debe ponerse en guardia, porque hay problemas con la interpretación, con la cocina (probablemente, al trabajar con el recuerdo de voto). Además, en Asturias esto ya había sucedido con URAS. También entonces había habido disparidad entre los sondeos. Esto no tiene nada que ver con las dudas sobre si UPyD puede tener un diputado o no, o sobre si IU llega a tres o cuatro. Esos son ajustes en la cuerda floja, que pueden caer, comprensiblemente, hacia un lado u otro. Pero el que se planteaba aquí era un problema que podía distorsionar el resultado por completo. Aquí había un agujero negro en los sondeos. La fractura del centro derecha seguía sin aclararse.

4. Las campañas de cada partido.

Más o menos, es en este escenario en el que se desarrolla la campaña electoral. Una campaña en la que, quiero reseñarlo porque me llamó la atención, por primera vez quedaron pospuestos todos los elementos relacionados con el desarrollo autonómico. Ya sé que tiene poco morbo, pero es que en las anteriores elecciones había fuerzas que hacían estandarte de la reforma del Estatuto, de la oficialidad del bable, etcétera, y ahora mismo hay un proyecto de Estatuto que lleva cuatro años hibernado en la Junta General, y nadie dio grandes voces para descongelarlo. Me pareció llamativo.

Para ahorrar tiempo, no voy a analizar la campaña de cada partido. Sí preciso otra cuestión. Con la que estaba arreciando, con la ola nacional y la suma colateral de la operación marea, no había campaña que valga. Las campañas ayudan, pero no hacen milagros. Lo digo para el PSOE, especialmente. Seguro que pudo haber hecho muchísimas cosas muchísimo mejor. Entre otras, haberse dado cuenta de que el tran tran ya no vale, que ése es un ritmo de otros tiempos. Pero que tampoco se tiren de los pelos, porque en este caso la derrota no ha ido por barrios. Fue general en toda España.

Sólo me voy a detener en uno. A lo largo de la campaña, Cascos consiguió un mérito indudable. Un político muy conocido en Asturias, conocidísimo, logra presentarse como el abanderado de un nuevo producto político, y los demás no consiguen desvestir esa imagen. No lo logra el PP con sus llamadas al voto útil de la derecha, ni lo consiguen el PSOE e IU al empeñarse en encasillarlo en la derecha. Quizá, entre otras razones, porque la derecha es lo que se llevaba en estas elecciones.. Hablo en términos comerciales, pero esto es de un mérito enorme. Un político de biografía conocida, que hasta diciembre militó en el Partido Popular y que sólo después de no haber sido elegido candidato se decide a encabezar un nuevo partido, consigue en cuatro meses encauzar el descontento y el voto de castigo. Eso es de un mérito enorme, porque lo consiguió sin un especial arrope y con una campaña de lo más tradicional.
¿Cómo le ha visto el electorado? Pues, probablemente, como una persona seria, vigorosa, decidida y de fiar, apropiada para tiempos de crisis; un político que apela al orgullo regional, un político no sumiso, redentor y que va sin más ataduras que su palabra, libre de componendas, recio, seguro de sus fuerzas. Todos esos factores han sido, probablemente, los que han permitido que reciba votos de todas partes. Sin duda, mayoritarios del centro derecha, pero no en exclusiva. Es más, probablemente su alejamiento del Partido Popular asturiano, una organización dirigida por apoltronados instalados en la derrota, según sus propias palabras, haya facilitado esa captación plural de voto. Paradójicamente, lo que inicialmente se había considerado como un hándicap para la victoria del centro derecha, la división en dos opciones , puede haber sido un factor favorable al éxito de Foro.
Ya estamos muy cerca del día 22. Y todos los movimientos que se advierten en el PSOE, en IU y en el PP muestran a las claras la fortaleza que sus sondeos internos y los tracking (actualizaciones) que reciben otorgan a Foro. No me resisto a comentar lo ocurrido el último día de campaña. Ese viernes, el alcalde de Oviedo anuncia que el PP está dispuesto a dejar gobernar a Cascos si la suya es la lista más votada. Ya sé que luego rectificó, pero ése movimiento es todo un avance de la derrota. Eso sólo puede suceder, y lo digo con todo el respeto, en un partido desestructurado.

5. El resumen de lo que ocurrió.

Todo esto es lo que confluye el 22 de mayo. Y aquí no hay mayor misterio. Existe una ola de cambio que arrasa toda España. Los socialistas pagan la crisis, la gestión de la crisis y el zapaterismo como estilo político, todo a la vez. Sin duda, la crisis arrasa al PSOE, pero no es sólo crisis lo que cuenta. Es la suma de crisis, reacción ante la crisis y forma de hacer política. Eso es lo que lleva al Partido Popular a una victoria arrolladora en toda España, de Sevilla a Castilla-La Mancha.
Y Asturias no tiene una composición sociológica distinta o peculiar para que eso no ocurriese también con efectos devastadores. Lo peculiar de Asturias es que Cascos encauza esa ola porque consigue presentarse como el abanderado de un proyecto nuevo, regenerador, en el que confluye la esperanza de miles de asturianos. Todo lo demás pesa. Pesa la “operación marea”, pesa el bajo índice de conocimiento de los candidatos, pesan los errores de campaña, pesa todo, pero todo eso es secundario, insisto, respecto a ese factor principal: una gran ola de cambio y en Asturias un líder capaz de encauzarla.

6. Qué va a suceder.

No lo sé. Lo de profetizar tiene poco que ver con el periodismo.
A mi juicio, podemos estar para largo en un nuevo ciclo político en Asturias.
También creo que la aventura política iniciada por Foro Asturias no es de corto recorrido. Entre otras cosas, porque Cascos ahora está en una posición de fuerza, y no necesita agitar ninguna bandera blanca. Me pregunto, por ejemplo, qué necesidad tiene ahora de renunciar a presentarse a las generales; al contrario, un éxito en las generales l
Y, en cuanto a los pactos municipales, la clave de bóveda está en lo que suceda en Oviedo, especialmente, y en Gijón. Cascos ha dicho que Foro va a dejar libertad a sus organizaciones locales. Podemos creerlo o ponerlo en cuarentena. Pero a primera vista a mí me parece que sería poco comprensible que Foro apoyase gratis la continuidad de Gabino de Lorenzo en la alcaldía. Voy a decirlo de manera más provocadora: los diputados del PP no tendrán más remedio que dejar gobernar a Cascos si no quieren que su electorado los coma; pero los concejales de Foro en Oviedo no tendrán tanta presión, ni de lejos, para que Gabino de Lorenzo continúe al frente de la alcaldía. No digo que eso no vaya a suceder. Digo que no son situaciones equiparables, y que la remisión a un simple cambio de cromos no parece verosímil a la primera. Entre otras cosas, porque en la gran pugna política mantenida por el centro derecha asturiano ha habido un gran vencedor, que es Cascos, y un perdedor, que es Gabino de Lorenzo, y con él, todos los que le han seguido en el Partido Popular. Y eso se va a notar de alguna manera. Lo digo, entre otras razones, porque ahora parece que el PP asturiano intenta compartir la victoria con Cascos, como si el resultado fuese un triunfo común. No, no ha sido así. Ustedes pactarán, gobernarán juntos, se entenderán, lo que sea. Son libres de decidirlo, pero en su batalla ha habido unos ganadores y unos perdedores. Está bien subirse al carro ganador, pero ni todos ni tan pronto.